miércoles, 25 de septiembre de 2013

QUE ES VARICELA





La varicela es una enfermedad muy contagiosa, característica de la infancia, producida por el virus varicela-zóster (VZV). La mayoría de los casos se producen en niños menores de 10 años. La distribución de este virus es universal, y aunque hay casos durante todo el año, se observa un pico de incidencias en invierno y en primavera.
La primera vez que el virus infecta a una persona se produce la varicela. Después, el virus se queda latente en el cuerpo por un tiempo indefinido, y al cabo del tiempo puede reactivarse y expresarse en forma de otra enfermedad más grave denominada herpes zóster. La enfermedad dura alrededor de una semana.






ETIOLOGÍA
La varicela es una infección viral causada por un herpesvirus del género Varicellovirus y la subfamilia Alphaherpesvirinae. La taxonomía lo ha denominado virus herpes humano 3 (HHV-3) cuyo único reservorio conocido es el hombre. El virus tiene un ADN de doble cadena (dsADN). Todos los virus de esta familia rodean su ADN con una cápside icosaédrica con un área proteica triangular que lo recubre. En la población adulta en Europa Central alrededor del 93 al 96% de la población tiene anticuerpos sanguíneos detectables para la varicela.1 2

La varicela es por lo general adquirida por la inhalación de gotitas respiratorias en suspensión en el aire desde un huésped infectado. La naturaleza altamente contagiosa del virus de la varicela explica las epidemias que se propagan a través de las escuelas desde un niño que está infectado rápidamente a muchos otros compañeros de clase. Las vesículas de la varicela contienen muchos virus, por lo que la transmisión puede ocurrir también por contacto directo con estas vesículas, aunque el riesgo es menor
Después de la inhalación inicial de las gotitas respiratorias contaminadas, el virus infecta la mucosa de las vías respiratorias superiores. La proliferación viral se produce en los ganglios linfáticos regionales de las vías respiratorias superiores entre 2–4 días después de la infección inicial y es seguida por la viremia entre los días 4–6 postinfección. Una segunda ronda de la replicación viral se produce en los órganos internos del cuerpo, especialmente el hígado y el bazo, seguida de una viremia secundaria de los días 14–16 postinfección. Esta viremia secundaria se caracteriza por la difusión viral entre las células endoteliales capilares y la epidermis. La infección del virus a las células de la capa de Malpighi produce edema intercelular e intracelular, lo que resulta en la clásica vesícula


CUADRO CLÍNICO
El signo más característico de la varicela es una erupción en la piel que aparece en forma de pequeños granos que en poco tiempo se convierten en vesículas (ampollas llenas de líquido). Las vesículas suelen aparecer primero por el tronco, la cara, el cuero cabelludo, extendiéndose después por todo el cuerpo. También puede afectar a la boca, a la vulva y al interior de los canales auditivos. Uno o dos días después las vesículas se transforman en costras. Durante los primeros días aparecen varias oleadas de vesículas, por lo que pueden verse a la vez lesiones en varias fases evolutivas, lo que se conoce como patrón «en cielo estrellado». Las lesiones de la piel suelen ser muy pruriginosas (es decir, causan el incontrolable deseo de rascar y/o la sensación de escozor). Al aparecer las costras, las lesiones ya no serán contagiosas.
En el periodo prodrómico —el periodo que transcurre antes de que aparezca la erupción, generalmente uno o dos días antes— suelen presentarse otros síntomas como fiebre, dolor de cabeza, malestar general, pérdida de apetito o vómitos. Estos síntomas suelen persistir durante los primeros días de la enfermedad


DIAGNÓSTICO
VESÍCULA.
Generalmente la varicela se diagnostica por sus signos clínicos típicos, sin precisar de ningún tipo de análisis. La erupción vesiculosa y pruriginosa en oleadas, especialmente si hay antecedente reciente de contacto con un enfermo de varicela, es suficiente para establecer el diagnóstico.
Para casos dudosos o con fines de investigación se pueden emplear pruebas diagnósticas para detectar el virus en el líquido extraído de las vesículas, como el cultivo, la inmunofluorescencia o la reacción en cadena de la polimerasa. Para conocer si una persona es inmune a la varicela se utiliza la serología.
El diagnóstico diferencial incluye infecciones por el virus coxsackie, la escabiosis, impétigo y prurito por picadura de insectos.


TRATAMIENTO
Medidas generales
En niños sanos suele ser suficiente con una serie de medidas para aliviar los síntomas. Para la fiebre se emplea el paracetamol, evitando siempre la aspirina (ácido acetilsalicílico), cuyo empleo para la varicela se asocia al síndrome de Reye. Con carácter general se desaconseja el uso de ibuprofeno en niños con varicela por la posibilidad de una predisposición a infecciones oportunistas. En un estudio de casos y controles se ha relacionado el uso de ibuprofeno en niños con varicela con una probabilidad mayor de aparición de fascitis necrotizante;3 mientras que ciertos estudios prospectivos no han encontrado evidencias de tal asociación.4 El prurito puede aliviarse mediante lociones antipruriginosas o con antihistamínicos orales, talcos de coloides, o loción de calamina. Otras medidas que ayudan a evitar lesiones por rascado e infecciones de la piel son cortar todas las uñas y un baño diario con un jabón suave. (El baño debe ser corto para no favorecer la aparición de más ampollas).
Es importante aislar al enfermo durante la fase contagiosa de aquellas personas que no han pasado la enfermedad, en especial de las de mayor riesgo (adultos, adolescentes, embarazadas o inmunodeprimidos). Aunque tradicionalmente en muchos sitios se recomienda facilitar el contagio de los niños para evitar que la contraigan cuando sean mayores, no hay que olvidar que la varicela, aunque generalmente benigna, puede dar lugar a complicaciones graves.
ANTIVIRALES O ANTIVÍRICOS
Como tratamiento específico frente al virus de la varicela-zoster puede emplearse a veces el aciclovir, que dificulta la replicación del virus, acortando la recuperación del paciente con escasos efectos secundarios. En niños sanos menores de 14 años el aciclovir tiene un efecto muy limitado, por lo que no suele utilizarse. En cambio, en los pacientes de más riesgo (adultos, adolescentes e inmunodeprimidos) disminuye notablemente la intensidad de la varicela y el riesgo de complicaciones siempre que se comience a utilizar pronto, preferiblemente en las primeras 24 horas desde la aparición de la erupción.
El tratamiento con aciclovir tiene por indicación absoluta a la paciente embarazada, a los inmunodeprimidos y otros con riesgo particular de desarrollar complicaciones (e.g. neumópatas crónicos por la posibilidad de padecer una neumonía por el virus). Los pacientes adolescentes y adultos en general, excluidos esos grupos, pueden obtener un beneficio más bien discreto.
COMPLICACIONES
Aunque la varicela es generalmente una enfermedad benigna, a veces aparecen complicaciones, especialmente en adolescentes, adultos y personas con las defensas bajas (inmunodeprimidos). Las más frecuentes son las infecciones de la piel y del tejido subcutáneo también denominada impetiginización, favorecidas por el rascado de las lesiones. Otra complicación típica es la neumonía, que puede ser causada por el propio virus de la varicela o por bacterias. También son típicas las complicaciones neurológicas, en especial la ataxia cerebelosa (alteración del equilibrio y marcha inestable, que suele desaparecer por sí sola). Excepcionalmente se ven complicaciones más graves como la encefalitis o la fascitis necrotizante.
Las embarazadas que no han pasado la varicela son especialmente sensibles dado que, además de tener más riesgo de presentar complicaciones, pueden transmitir la varicela al feto. Cuando la varicela se contrae en los dos primeros trimestres de la gestación puede causar una varicela congénita en el 1–2% de los casos, con alteraciones neurológicas, cicatrices en la piel y alteraciones oculares y esqueléticas. Si la varicela aparece entre 5 días antes y 2 días después del parto, puede aparecer en el recién nacido una varicela neonatal muy grave.[cita requerida]
Otras posibles complicaciones son la segunda y sucesivas reapariciones, en las que se le llama Herpes Zóster. Y es más grave cuanto mayor es la edad del afectado, sobre todo por la posible neuralgia post-herpética, un dolor a veces de intensidad terrible que puede quedar permanentemente en las zonas afectadas de la piel. Es por estos riesgos que lo recomendable es vacunarse a corta edad para evitarlos en lo posible.
PREVENCIÓN
INMUNIZACIÓN ACTIVA: vacuna antivaricela
La vacuna frente al virus varicela-zóster es una vacuna de virus vivos atenuados que se desarrolló en Japón en los años 1970, aunque no fue autorizada hasta la siguiente década. Todas las vacunas comercializadas en la actualidad proceden de la cepa Oka, llamada así porque fue aislada de las vesículas de un niño de 3 años con ese apellido. Es una vacuna muy eficaz, especialmente frente a las formas más graves de varicela. En aproximadamente un 5% de los vacunados puede aparecer una leve erupción varicelosa, con muy pocas lesiones, dos o tres semanas después de la vacunación.
La vacuna antivaricela fue introducida en el calendario vacunal de Estados Unidos en 1995 para niños a partir de los 12 meses de edad. Posteriormente otros países siguieron el ejemplo, como Canadá, Australia o Alemania. En otros países, como España en 2005, se ha optado por vacunar entre los 10–14 años de edad a los niños que no han pasado la varicela. La vacuna también es útil para evitar o reducir la enfermedad en las personas susceptibles que han estado expuestas al virus, si se administra en los 3 primeros días tras el contacto.5 La vacuna no es aplicable para quienes la han padecido y pretenden evitar segundas y sucesivas reapariciones (Herpes Zóster o Culebrilla). Se está experimentando con otra vacuna que sería útil para estos casos.
INMUNIZACIÓN PASIVA: inmunoglobulina
La inmunoglobulina antivaricela, administrada por vía intramuscular, se emplea para prevenir la enfermedad en grupos de alto riesgo que han tenido contacto con un enfermo de varicela y que no pueden recibir la vacuna, como embarazadas, inmunodeprimidos o recién nacidos cuyas madres no han pasado la varicela.
Prevención de la varicela
Existe una vacuna para la varicela. La vacuna previene la aparición de la enfermedad hasta en un 80% de los casos. Los objetivos de esta vacuna son:
Evitar la propagación de la enfermedad.
Evitar sus complicaciones.
Evitar la reinfección posterior en forma de herpes zoster.

VACUNA CONTRA LA VARICELA
El modo de empleo es:
En niños se administran dos dosis, una a los 12–15 meses de edad, y la segunda a los 4-6 años. (Aunque puede administrarse antes de los cuatro años, siempre y cuando hayan pasado tres meses desde la primera dosis).
A partir de los 13 años, todos aquellos que no se hayan vacunado, ni hayan tenido varicela, deben recibir dos dosis, con un intervalo de cuatro a ocho semanas.
Generalmente, no provoca reacciones significativas en niños y adolescentes sanos. Presenta unos efectos secundarios leves como son el enrojecimiento de la zona, dolor e inflamación del área donde se aplica, así como mareo, cansancio, fiebre o náuseas. Tras la vacunación, los pacientes pueden padecer una varicela causada por la propia vacuna. Esta varicela aparecerá entre los cinco y los 26 días posteriores a la inoculación del virus.
Aun vacunándose, algunos niños pueden desarrollar a lo largo de su vida la varicela, aunque presentarán un cuadro mucho más leve (menos de 30 vesículas) y se recuperarán mucho más rápido.
Aplicar la vacuna dentro de las 72 horas tras la exposición al virus es entre un 90 y un 100% eficaz para prevenir la enfermedad.
Está contraindicada a una serie de personas:
Aquellas con antecedentes de reacciones anafilácticas a algún componente de la vacuna.
Mujeres embarazas (de hecho se debe evitar el embarazo en las cuatro semanas siguientes a la vacunación).
La presencia de una enfermedad grave, y en caso de un sistema inmunitario débil.
A los grupos de alto riesgo que hayan tenido contacto con un enfermo de varicela, y no puedan recibir la vacuna, se les puede suministrar una inmunoglobulina antivaricela dentro de las 96 horas posteriores al contacto.


TRATAMIENTO DE LA VARICELA
En el caso de una varicela en un niño sano, el propio cuerpo es capaz de combatir la enfermedad. Tan solo se requiere tratamiento para aliviar los síntomas. Se pueden emplear analgésicos, antihistamínicos, y cremas o lociones que alivien el picor. Es importante no suministrar aspirina (ácido acetilsalicílico), ya que se asocia con el desarrollo del síndrome de Reye. En su lugar se puede usar paracetamol.
La mayoría de las ampollas desaparecerán sin dejar cicatrices, excepto aquellas que resulten infectadas por bacterias a causa del rascado. Es conveniente aplicar compresas húmedas, y los baños tibios para limpiar las heridas originadas por el rascado y prevenir la aparición de infecciones.
En caso de infección bacteriana se deben administrar antibióticos.
Se utilizan medicamentos antivirales como el aciclovir (ACV) en una serie de casos:
Para las varicelas generales no se utiliza. Sí en caso de adultos y adolescentes con afecciones cutáneas, pulmonares, o aquellos que han  tomado esteroides recientemente.
En ocasiones también se prescriben a las personas que han contraído la enfermedad al convivir con pacientes, ya que experimentan una varicela más grave.
Para que sea efectivo se debe de administrar en las primeras 24 horas de la erupción. Bien aplicado contribuirá a disminuir el número y la duración de las lesiones vesiculosas.
Hasta que todas las ampollas hayan formado costra o se hayan secado, hay que evitar el contacto del paciente con otras personas, puesto que puede transmitir la enfermedad.
Pronóstico de la varicela
Es excelente cuando no hay complicaciones. Es una enfermedad que se resuelve en 10–15 días.
En los casos de ataxia tiene un buen pronóstico; suele remitir de manera espontánea. En cuanto a las encefalitis, presentan una tasa de mortalidad del 5% al 20%, y el 15% dejan secuelas.
En el 10-20% de los casos, la varicela va seguida, años más tarde, de la activación del virus durante un periodo de estrés, produciendo una enfermedad denominada herpes zoster, que consiste en una erupción vesicular dolorosa. Se produce generalmente después de los 50 años de edad en personas inmunosuprimidas.

LA VARICELA EN SITUACIONES ESPECIALES

Varicela en el embarazo 

Es poco frecuente que las mujeres desarrollen la varicela durante el embarazo, ya que el 90% de los adultos están inmunizados contra el virus (bien porque han tenido ya la enfermedad, o bien porque han sido vacunados). Aunque, si ocurre, dependiendo de en qué momento se infecte la madre, los riesgos para el feto o el recién nacido son diferentes:
·         Varicela congénita. Cuando la mujer embarazada se infecta por primera vez con el virus en las primeras 20 semanas puede ocasionar graves malformaciones en el bebé, con importantes repercusiones sensoriales, motoras y psíquicas.
·         Varicela perinatal. Se asocia a la varicela materna ocurrida en las últimas semanas del embarazo.
Si la madre desarrolla la enfermedad entre 5 días antes y 2 días después del parto la varicela, que aparece en el recién nacido entre los días 5 y 10, es una de las formas más graves, y puede llegar a ser mortal.
Si la madre desarrolla la enfermedad antes de los 5 días previos al parto, el recién nacido desarrolla la varicela antes, en los primeros 4 días de vida, sin embargo, no es grave.
En el caso de que la madre desarrolle la varicela en el segundo o tercer trimestre, las consecuencias serán cicatrices en la piel del lactante y el desarrollo de herpes zoster.

Varicela en inmunodeprimidos

La varicela que afecta a las personas cuyo sistema inmunológico es débil es una de las infecciones más graves que pueden sufrir (sobre todo los pacientes con cáncer). Se desarrolla una varicela progresiva en la que se repiten las erupciones varicelosas, y en la que el virus se disemina por el cuerpo produciendo un fallo sistémico.

Posibles complicaciones en estos colectivos

·         Infección bacteriana de las lesiones cutáneas que pueden producir neumonía, entre otras complicaciones. Más frecuente en los niños inmunodeficientes.
·         Afectación del sistema nervioso central en forma de ataxia cerebelosa (un caso de cada 4.000).
·         Encefalitis varicelosa (un caso cada 100.000).
·         Varicela hemorrágica. Se producen hemorragias en las lesiones cutáneas. No significa un peor pronóstico.
·         Síndrome de Reye. Daño cerebral asociado frecuentemente al uso del ácido acetilsalicílico como tratamiento antitérmico en la varicela.
·         Artritis poliarticulares.
·         Síndrome de Guillain-Barré. Es un trastorno neurológico.
·         Otitis media aguda.